Memorias de un territorio fantástico (Prefacio)

Prefacio



Todos tenemos una historia que contar. Puede que inverosímil, cómica, absurda, cotidiana... A todos nos suceden pasajes o hechos que ocultamos en algún rincón de la memoria por vergüenza, por miedo, por creer que no merece ser contada. Pero están ahí, latentes, agazapadas a la espera de poder surgir de unos labios, ya sean los tuyos o los de cualquier desconocido.
Perdonad, pero aún no me he presentado. Yo soy el pueblo de Garabelo. Sobre mis calles se urden esas viejas historias, tejidas entre sí por un hilo, se diría infinito, que no he sabido identificar su procedencia ni su razón de existir. Quien sabe. Mis raíces son antiguas y oscuras. Los seres que deambulan por mi organismo de piedra y cal son en su mayoría carentes de alma y sed, del valor necesario para ser individuos alejados de la masa.
Pero no estoy solo. A cierta distancia de mí se yergue la ciudad. Ese amasijo de acero y ladrillo, reverso de mi propia identidad. Allí se alargan y vuelven a cruzarse las historias, reflejándose sobre un espejo imaginado y sutil. Apenas hemos hablado desde que nos conocemos. Es demasiado distante y fría, pero consigue mantener atrapados entre sus arterias cada vez más seres. Yo me estoy quedando solo. La gente ya no cree en la magia. Al menos la mayoría de ellos. Mi corazón ya no late con tanta fuerza: ese teatro de madera, el mar crespo e incómodo, la lluvia impregnando cada paisaje.
Fueron quince historias las que sentí en mis entrañas y en las entrañas de la ciudad. Quince miradas propias o ajenas, que ven desde su interior o describen su entorno con objetividad.

Quince, que fueron estas...